Yo se que en este momento debería estar haciendo un montón de cosas, tratando de resumir un millón de ideas que parece que no me van a servir para nada. Sé que en este instante debería estar tratando de trabajar, pero no puedo. Miro mi mano, miro tus letras de fuego sobre ella. Miro la vida pasar, llena de vida por entre mis poros. No puedo dejar de pensar que en aquella casa que tengo colgada en las alturas tengo tu sombra acompañándome y rondándome como un camino que va hacia la mar. Tengo mil ideas divagantes que me rondan en la cabeza... que aun estas en mi Azul y aun no olvido tantas tardes de caminatas que me siguen llenando la cabeza con corrientes de conciencia. Yo te amo, Daniela, yo te amo, con la vida, con el alma, con el corazón. Ya las manos se me han escapado del cuerpo y parece que salieran a buscarte. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Dónde se alojan los recuerdos de mi alma errante buscando tus pasiones que se han quedado en mi? ¿Dónde tiene límites la orilla de la mar? ¿Dónde me encuentro si estoy sobre la nada, extrañándote? Yo ya no sé que hacer con el fin de seguir teniéndote junto a mi. Yo ya no sé cómo hacer para seguir pegado a tu pecho, seguir recorriendome el alma con tus recuerdos, tus besos y tus "te amo" que me siguen a cada lado como fantasmitas que se apoyan en mi hombro y me acompañan a caminar.
Tengo, como por esperanzas de cada día en mis pies, algodón que me lleva flotando por dos horas hasta ti. Cada vez que camino ya no me detengo en los detalles tristes de la vida: cada motivación que se genera con cada paso es el verte, es abrazarte, es sentirte nuevamente. Es volver a respirar el aroma que a uno lo hechiza y lo lleva al sol por un par de segundos, es volver a caminar por el Padre Sol sin sentir miedo, es volver a tener un alfabeto de amor recorriendo cada uno de mis secretos inconfesables. Te lo dije una vez: "comparto mi poder con quien comparto mis secretos inconfesables".
Y no sé por qué pretendo hacer esto público. Lo entiendo: se que se me ha ido un poco el lado tierno que a ti tanto te enamora. No me había dado cuenta. Me da rabia y pena pensar que las tensiones y las risas estrepitosas matan un poco el Azul que todos tenemos dentro. Pero quiero que sepas que cada día al levantarme me levanto pensando en ti. Que cada noche al acostarme tengo tu recuerdo junto a mi abrazándome para poder desdoblarme tranquilo hacia el Edén que el catolicismo me prometió. Contigo aprendí que el Edén existe: cada uno lo tiene junto a sí cuando ama hasta desfallecer, hasta la locura, hasta que ya uno no puede suspirar más de tanto amor. Yo, por mi parte, aunque ya no escriba tantas cartas como antes y a lo mejor se me haya ido lo un poco niño, sigo enamorado cada vez más de ti.
Y yo no te quiero dejar. ¡Borrate los miedos, mujer, borrate cada una de las palabras malas que se te pueden cruzar por la cabeza! ¡Borrate todas las penurias que te dejaron los amores fallidos y los caminos inconclusos! Amor mío, amor que me llena el alma, amor que me deja vivo y muerto y desfallecido con un beso: yo te amo con todo lo que ello implica. No me importa pasar hambre, frío, lluvia, carencias de todo tipo por verte un ratito. No me importa tener que dormir menos si tengo tu compañía cuando trabajo. Amor, gracias, por aclararme las verdades y por hacer que todo lo que vivo tiene un sentido. Yo te amo, Daniela Queupumil. Jamás pensé que amaría de esta forma.
Daniela Queupumil, quiero pasar muchos años contigo. No quiero que te vayas y no quiero que te vayas para ninguna parte que no sea hacia mi alma. En tu alma quiero vivir, en tu alma quiero morir y en tu alma quiero estar todos los años que la vida me permita. En tu vida quiero descansar y si tengo que llorar tu cuerpo dormido por la misma vida que me dejó verte me voy a mimetizar con los bosques negros para nunca más volver. Si vuelvo va a ser con una parte menos de mi alma.
Contigo vi visto nacer y morir la vida, contigo he vivido y vivo las alegrías más sublimes de la existencia. Contigo despuntó mi vida hacia las alegrías más absolutas. Quiero conocerte y, en lo posible, hacer mi existencia más sólida contigo y compartir hasta la comida. Gracias por todas las veces que me has salvado de las penas más profundas y de las rabias que yo ya no quiero vivir.
Tengo la fortuna de decir -porque vengo del otro lado- que me puedo morir tranquilo porque he conocido el amor puro, verdadero y correspondido. Quiero contarle al mundo que soy feliz y emocionado de ser feliz con la mujer que siempre estuvo en mis sueños y le pedí a Dios y la Virgen Madre que me ayudó en cada caminata triste por las calles de mi ciudad. Quiero contarle al mundo como un secreto a voces que tú, Daniela Queupumil, con todos los males que te achacas y que no son ciertos, que con todo lo mal que a veces piensas de ti yo te amo con mi vida y que te agradezco volver a vivir. Daniela Queupumil: te amo. No cambiaría todas mis vivencias ni mis dolores ni mis desilusiones por nada del mundo. De no haber llorado como lloré no te hubiese conocido. Gracias a ti conocí el amor.
Éste es León, el que todo lo puede a través de las letras, amando sin medida a su Constanza Millalén, colándose entre los sueños hasta encontrar en la poesía más sublime el Azul...
martes, 21 de diciembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
Lluvia
Lluvia. Sentir cómo cae.
Lluvia. Mira por la ventana para afuera y siente el olor a tierra húmeda.
Siente cómo se pasan las penas inundadas en el clamor de este infierno del cual no vivo.
Lluvia. Siente cómo pasan las horas explicándote por qué las cosas pasan.
Siente cómo la tierra se vuelve canto húmedo y pueril en estos días.
Lluvia. Siente cómo los pastos se bañan del rocío.
Siente cómo los minutos se ahogan en pensamientos estériles y cariños rotos.
Siente cómo quieres hacer homenajes y sentir momentos únicos en tu vida.
Lluvia. Mira cómo cae sobre la tierra dormida.
Observa cómo las ramas quieren alcanzar el cielo y verter las desesperanzas en amor.
Deja pasar el frío que cala entre las grietas de tu alma.
Abre tu alma al amor. Deja que la vida entre.
Lluvia. Mira cómo la vida pinta una acuarela sobre tu cuerpo.
Siente cómo, de la nada, comienzas a ver que nace el alma y se desprende el cuerpo
De la mente que lo vio nacer.
Siente como vuelan los pensamientos y siente cómo la unión se hace más firme.
Nace el amor.
Lluvia. Mira cómo las personas corren desesperadas buscando refugio.
Yo sólo quiero que estés conmigo y me abraces,
Que ya no soporto más la lejanía de tu abrazo.
Lluvia. Mira cómo el fruto de los árboles cae a la vida muerta.
Mira cómo las plantas que te vieron sonreír hoy te ven partir.
Traga cada uno de los recuerdos que no viviste y bótalos a la ciénaga dormida.
Mira con un adiós cómo se te va parte de la vida, y no vuelve para abrazarte por las noches.
Mira con alegría. Mira cómo esta alegre por acompañarte siempre, aunque sin tener rostro.
Mira cómo te acompaña a caminar por la vida sin tener pies.
Mira cómo te alegra los instantes sin tener habla.
Mira cómo te da paz sin siquiera haber formado el alma.
Lluvia. Cesa, de la nada. Las personas vuelven a sus caminos.
Siente cómo la tierra húmeda se alegra de haber vivido. Mira cómo absorbe los recuerdos.
Siente cómo te limpia el alma la lluvia.
... A lo que siempre soñé, a lo que siempre quise, a lo que
nunca viví y a lo que espero más en la vida...
Lluvia. Mira por la ventana para afuera y siente el olor a tierra húmeda.
Siente cómo se pasan las penas inundadas en el clamor de este infierno del cual no vivo.
Lluvia. Siente cómo pasan las horas explicándote por qué las cosas pasan.
Siente cómo la tierra se vuelve canto húmedo y pueril en estos días.
Lluvia. Siente cómo los pastos se bañan del rocío.
Siente cómo los minutos se ahogan en pensamientos estériles y cariños rotos.
Siente cómo quieres hacer homenajes y sentir momentos únicos en tu vida.
Lluvia. Mira cómo cae sobre la tierra dormida.
Observa cómo las ramas quieren alcanzar el cielo y verter las desesperanzas en amor.
Deja pasar el frío que cala entre las grietas de tu alma.
Abre tu alma al amor. Deja que la vida entre.
Lluvia. Mira cómo la vida pinta una acuarela sobre tu cuerpo.
Siente cómo, de la nada, comienzas a ver que nace el alma y se desprende el cuerpo
De la mente que lo vio nacer.
Siente como vuelan los pensamientos y siente cómo la unión se hace más firme.
Nace el amor.
Lluvia. Mira cómo las personas corren desesperadas buscando refugio.
Yo sólo quiero que estés conmigo y me abraces,
Que ya no soporto más la lejanía de tu abrazo.
Lluvia. Mira cómo el fruto de los árboles cae a la vida muerta.
Mira cómo las plantas que te vieron sonreír hoy te ven partir.
Traga cada uno de los recuerdos que no viviste y bótalos a la ciénaga dormida.
Mira con un adiós cómo se te va parte de la vida, y no vuelve para abrazarte por las noches.
Mira con alegría. Mira cómo esta alegre por acompañarte siempre, aunque sin tener rostro.
Mira cómo te acompaña a caminar por la vida sin tener pies.
Mira cómo te alegra los instantes sin tener habla.
Mira cómo te da paz sin siquiera haber formado el alma.
Lluvia. Cesa, de la nada. Las personas vuelven a sus caminos.
Siente cómo la tierra húmeda se alegra de haber vivido. Mira cómo absorbe los recuerdos.
Siente cómo te limpia el alma la lluvia.
... A lo que siempre soñé, a lo que siempre quise, a lo que
nunca viví y a lo que espero más en la vida...
domingo, 24 de octubre de 2010
Reflexiones de tu ausencia
Mi amor vive.
Mi amor, vuelve.
Mi amor, renace.
Mi amor, vuelve a la vida.
Mi amor, belleza.
Mi amor, hermosa fantasía.
Mi amor, renacer de la pena.
Mi amor, vivir al máximo.
Mi amor, vida.
Mi amor, café.
Mi amor, sal de luna.
Mi amor, sal de estas líneas y hazte agua pura.
Mi amor, salinas de la mar.
Mi amor, amor de muerte, amor de noche blanca.
Mi amor, lágrimas borradas.
Mi amor, limpieza del alma.
Mi amor, poesías de la noche.
Mi amor, perfección del cuerpo y la vida.
Mi amor, preguntas al nacer.
Mi amor, felicidad absoluta.
Mi amor, cambio de esquemas.
Mi amor, enredaderas de la vida.
Mi amor, alma de esta carne.
Mi amor, escrito de una noche.
Mi amor, te amo, más que a mi vida.
Mi amor, vuelve.
Mi amor, renace.
Mi amor, vuelve a la vida.
Mi amor, belleza.
Mi amor, hermosa fantasía.
Mi amor, renacer de la pena.
Mi amor, vivir al máximo.
Mi amor, vida.
Mi amor, café.
Mi amor, sal de luna.
Mi amor, sal de estas líneas y hazte agua pura.
Mi amor, salinas de la mar.
Mi amor, amor de muerte, amor de noche blanca.
Mi amor, lágrimas borradas.
Mi amor, limpieza del alma.
Mi amor, poesías de la noche.
Mi amor, perfección del cuerpo y la vida.
Mi amor, preguntas al nacer.
Mi amor, felicidad absoluta.
Mi amor, cambio de esquemas.
Mi amor, enredaderas de la vida.
Mi amor, alma de esta carne.
Mi amor, escrito de una noche.
Mi amor, te amo, más que a mi vida.
jueves, 14 de octubre de 2010
Si alguna vez...
Si alguna vez me hubiesen dicho que iba a tener una mujer tan hermosa como tu, Constanza, delante mío, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubiesen hicho que iba a escribir cartas tan hermosas que no se comparan con tu belleza, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que una mujer con una belleza tan grande como la tuya iba a mirarme con ojos de amor, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que una poesía tan perfecta como tú iba a besar mis labios, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que la perfección misma, tú, Constanza, me iba a abrazar calmando mi pena y llenando mi vida de color alguna vez, no lo hubiese creido.
Pero, para la mala fortuna de mi soledad hoy estás aquí, como la perfección misma, llenando mi vida de color, reviviéndome con nunca nadie lo hizo antes...
Hoy ya no quiero más futuro...
Para usted, Constanza de mis sueños
Si alguna vez me hubiesen hicho que iba a escribir cartas tan hermosas que no se comparan con tu belleza, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que una mujer con una belleza tan grande como la tuya iba a mirarme con ojos de amor, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que una poesía tan perfecta como tú iba a besar mis labios, no lo hubiese creido.
Si alguna vez me hubieren dicho que la perfección misma, tú, Constanza, me iba a abrazar calmando mi pena y llenando mi vida de color alguna vez, no lo hubiese creido.
Pero, para la mala fortuna de mi soledad hoy estás aquí, como la perfección misma, llenando mi vida de color, reviviéndome con nunca nadie lo hizo antes...
Hoy ya no quiero más futuro...
Para usted, Constanza de mis sueños
domingo, 10 de octubre de 2010
Delirio - 2
Yo te quiero, niña. Nunca lo quise negar.
Tanto, quise tus palabras que te tome por sueño mutuo.
Yo te quería fundir en un abrazo y no encontré mas que miel.
Elabore una poesía a tu voz áspera y oscura.
Te encontré en alguna llave de mi alma,
Te presentí en un encuentro,
No supe cuantos delirios cree a tu canto.
Sé que no te gustan ni las poesías ni las frases incoherentes
-y menos las frases de amor-.
Te redescubrí en mi vida como una ilusión frágil
Que en mí se cobijó tomando leche de mañanas.
Sí, también espero presentirte
Y declaro que ansío conversar contigo
Y encontrarte en mis suelos, y soñar contigo un "te quiero"
No sé por qué siento que en mi alma te me quedas como vida.
Te quise tanto en esta semana que el pecho se me hunde
-y la pasión me quema-
Que quise cantarte un delirio.
Contigo yo quiero sembrar la mañana,
Cantar odas en la noche
y trillar un crepúsculo en la orilla de la mar.
Mil elefantes llegaron a tu puerta en un segundo
Y te dijeron "amor".
Sonreíste tanto que mi corazón no pudo más de alegría;
Y te tomo por cariño, amor, vida, ilusión y esperanza.
¿Sabías que eres mi mayor secreto?
No, no tienes idea porque es un delirio
Jamás lo sabrás porque delante tuyo soy un errante.
No, no tienes idea, porque es un delirio:
Será que no soy más que una distracción de fin de semana.
A la distracción que hoy es la llama de mi alma...
Tanto, quise tus palabras que te tome por sueño mutuo.
Yo te quería fundir en un abrazo y no encontré mas que miel.
Elabore una poesía a tu voz áspera y oscura.
Te encontré en alguna llave de mi alma,
Te presentí en un encuentro,
No supe cuantos delirios cree a tu canto.
Sé que no te gustan ni las poesías ni las frases incoherentes
-y menos las frases de amor-.
Te redescubrí en mi vida como una ilusión frágil
Que en mí se cobijó tomando leche de mañanas.
Sí, también espero presentirte
Y declaro que ansío conversar contigo
Y encontrarte en mis suelos, y soñar contigo un "te quiero"
No sé por qué siento que en mi alma te me quedas como vida.
Te quise tanto en esta semana que el pecho se me hunde
-y la pasión me quema-
Que quise cantarte un delirio.
Contigo yo quiero sembrar la mañana,
Cantar odas en la noche
y trillar un crepúsculo en la orilla de la mar.
Mil elefantes llegaron a tu puerta en un segundo
Y te dijeron "amor".
Sonreíste tanto que mi corazón no pudo más de alegría;
Y te tomo por cariño, amor, vida, ilusión y esperanza.
¿Sabías que eres mi mayor secreto?
No, no tienes idea porque es un delirio
Jamás lo sabrás porque delante tuyo soy un errante.
No, no tienes idea, porque es un delirio:
Será que no soy más que una distracción de fin de semana.
A la distracción que hoy es la llama de mi alma...
sábado, 2 de octubre de 2010
Caminando
Nunca supe por qué caminé tanto. A veces, caminaba con frío, con lluvia, con viento, con sol. Hasta hoy camino. A veces, porque no hay para el pasaje, para airearme o, simplemente, porque hay que ir de un lugar a otro y la distancia no amerita ir en un medio de transporte mayor.
¿Qué por qué insisto tanto? No, si lo que quiere saber es si hablo desde la pena o el resentimiento, no. Le aseguro que ya no es desde esa pena que carcome ni desde el resentimiento que tanto echa a perder las voluntades. Si caminé es por que no tenía, quizás, como usted, para ir en auto. Yo no tenía más que mis pies. Estos, que me han dado tantas alegrías. Estos, que me llevan gratis donde yo quiera. Estos, que me hacen feliz. No sé qué sería de mí si los perdiera.
Pero también las zapatillas amarillas que están en la caja guardadas no sólo representan un período de mi vida algo doloroso. Representan el símbolo del caminar. Si les da vuelta, tienen un hoyo en la suela producto dé que tuvieron que jubilar porque el dueño caminó la ciudad entera con ellas. Le aseguro que el plástico es horriblemente duro, y se rompió del puro uso.
Es un simbolismo de todo lo que caminé en esta vida. Caminé mil veces haciéndome las mismas preguntas, los mismos prejuicios, los mismos preconceptos. Caminé mil veces pidiendo donde fuera lo que necesitaba, hice mil proyectos, pedí mil ayudas tratando de solucionar la soledad interna que viví, sin pensar que la ayuda la estaba recibiendo ya. Hoy quiero hacer público que caminé mil cuadras sin saber que la ayuda la estaba recibiendo ya. Si caminé tanto fue porque tenía que aprender a valorar las zapatillas y los pies.
Y no sólo pedía el llenar los vacíos de soledad. Pedía mejorar la vida de cientos de personas que de verdad se merecían y merecen solucionarla. Pedía por mi familia y mi círculo más cercano. Pedía por todos menos por mi. En realidad alimentaba el alma de más soledad al postergarme.
No sabía que debía caminar 19 años para saber que la respuesta estaba dentro mío. La recompensa llegaría algo después, pero sería la recompensa más hermosa que alguna vez pude haber recibido.
Hoy, no quiero soltar esa recompensa. Esta noche, hablé con ella sobre lo que significaba para mi el caminar.
¿Qué por qué insisto tanto? No, si lo que quiere saber es si hablo desde la pena o el resentimiento, no. Le aseguro que ya no es desde esa pena que carcome ni desde el resentimiento que tanto echa a perder las voluntades. Si caminé es por que no tenía, quizás, como usted, para ir en auto. Yo no tenía más que mis pies. Estos, que me han dado tantas alegrías. Estos, que me llevan gratis donde yo quiera. Estos, que me hacen feliz. No sé qué sería de mí si los perdiera.
Pero también las zapatillas amarillas que están en la caja guardadas no sólo representan un período de mi vida algo doloroso. Representan el símbolo del caminar. Si les da vuelta, tienen un hoyo en la suela producto dé que tuvieron que jubilar porque el dueño caminó la ciudad entera con ellas. Le aseguro que el plástico es horriblemente duro, y se rompió del puro uso.
Es un simbolismo de todo lo que caminé en esta vida. Caminé mil veces haciéndome las mismas preguntas, los mismos prejuicios, los mismos preconceptos. Caminé mil veces pidiendo donde fuera lo que necesitaba, hice mil proyectos, pedí mil ayudas tratando de solucionar la soledad interna que viví, sin pensar que la ayuda la estaba recibiendo ya. Hoy quiero hacer público que caminé mil cuadras sin saber que la ayuda la estaba recibiendo ya. Si caminé tanto fue porque tenía que aprender a valorar las zapatillas y los pies.
Y no sólo pedía el llenar los vacíos de soledad. Pedía mejorar la vida de cientos de personas que de verdad se merecían y merecen solucionarla. Pedía por mi familia y mi círculo más cercano. Pedía por todos menos por mi. En realidad alimentaba el alma de más soledad al postergarme.
No sabía que debía caminar 19 años para saber que la respuesta estaba dentro mío. La recompensa llegaría algo después, pero sería la recompensa más hermosa que alguna vez pude haber recibido.
Hoy, no quiero soltar esa recompensa. Esta noche, hablé con ella sobre lo que significaba para mi el caminar.
martes, 14 de septiembre de 2010
Delirios de Algodón
Quiero que me hagas benditas las aguas de marzo,
y que me transformes las nubes en algodón.
Por que tenía un basural por alma, pero.
¿Quién no tiene en su alma
uno guardado?
Poblé de recuerdos mi vida.
Princesa,
mi cuerpo es tuyo.
Envuelve en corrientes salinas
con perfume de mujer
mi vida.
Llévame de tu vientre a conocer
el mundo en el que ambos
éramos dueños de los secretos.
Comparte este poder sudoroso
con todos los tiempos pasados
que nos llevaron a vivir.
Envuélveme como en un
trance la vida,
esta vida maldita que, con tus formas
se me llenó de
color.
Ensalza estas nubes con mil gritos
de alegría en esta noche
imperecedera.
Conviérteme en tu sal y en tu mar,
en tu arena, en tu orilla,
en tu playa y en tu cantar.
Llévame a volar, querida mía
que aquí, contigo,
la vida hemos de pasear.
y que me transformes las nubes en algodón.
Por que tenía un basural por alma, pero.
¿Quién no tiene en su alma
uno guardado?
Poblé de recuerdos mi vida.
Princesa,
mi cuerpo es tuyo.
Envuelve en corrientes salinas
con perfume de mujer
mi vida.
Llévame de tu vientre a conocer
el mundo en el que ambos
éramos dueños de los secretos.
Comparte este poder sudoroso
con todos los tiempos pasados
que nos llevaron a vivir.
Envuélveme como en un
trance la vida,
esta vida maldita que, con tus formas
se me llenó de
color.
Ensalza estas nubes con mil gritos
de alegría en esta noche
imperecedera.
Conviérteme en tu sal y en tu mar,
en tu arena, en tu orilla,
en tu playa y en tu cantar.
Llévame a volar, querida mía
que aquí, contigo,
la vida hemos de pasear.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Padre Sol
Nunca voy a olvidarme de quién me llevo de la mano a conocer al Padre Sol.
Jamás olvidaré quién, en una nube, me llevó a volar a los más altos cielos conocidos.
Quiero hacer que la vida se te llene de colores,
que el alma sea única,
que esta vida se nos llene de amores a la eternidad.
Me encanta ese rostro de miel y de azúcar encantada por tu vida y tu pasado.
¿Pasado? ¿Tiempo? ¿Quién dijo que venía desde cielos lejanos?
Quiero bailarle un tango eterno a la vida por todos los años que no nos vimos.
Olvídate, mujer, de mi pasado. Yo amo mi presente: tú.
Es que tú me robaste la cabeza, el cuerpo y la vida.
Me robaste los brazos y los hiciste trabajar de minero, pa llenarte de oro el corazón.
Me robaste las manos y escribiste con ellas el futuro, la vida y la razón.
Me robaste la mente pa' filosofar mil melodías eternas a tu belleza.
Me quitaste la vida pa que el mundo viviera más feliz.
Me robaste las piernas y se las diste a la temporera pa' que recolectara frutas dulces.
Me robaste la garganta para regalársela al cantante y que refundara la vida.
Me robaste la sangre para dársela al obrero y hacerla vino
donde todos podamos beber, felices, desterrando la soledad.
Me robaste los pies pa' regalárselos al caminante, aburrido de estar solo.
Me robaste la existencia para hacer un colchón y asistir al herido.
Me robaste el pecho para hacer de frente a la injusticia
de este mundo que olvida lo que es amar.
Si, está bien, sé que no rima nada. Lo importante es que es un regalo a tu existencia.
Yo ya no soy nadie, no existo, vivo sin tiempo, andando en este viento sin razón.
Te robaste mi vida, te robaste quién era, ya no tengo idea de nada más.
Hoy solo sé que quiero descansar en tu abrazo, y quiero volver a ver al Padre Sol
tantas veces como quieras amar el secreto de la existencia.
Te amo, mujer, porque contigo sé quién soy.
Jamás olvidaré quién, en una nube, me llevó a volar a los más altos cielos conocidos.
Quiero hacer que la vida se te llene de colores,
que el alma sea única,
que esta vida se nos llene de amores a la eternidad.
Me encanta ese rostro de miel y de azúcar encantada por tu vida y tu pasado.
¿Pasado? ¿Tiempo? ¿Quién dijo que venía desde cielos lejanos?
Quiero bailarle un tango eterno a la vida por todos los años que no nos vimos.
Olvídate, mujer, de mi pasado. Yo amo mi presente: tú.
Es que tú me robaste la cabeza, el cuerpo y la vida.
Me robaste los brazos y los hiciste trabajar de minero, pa llenarte de oro el corazón.
Me robaste las manos y escribiste con ellas el futuro, la vida y la razón.
Me robaste la mente pa' filosofar mil melodías eternas a tu belleza.
Me quitaste la vida pa que el mundo viviera más feliz.
Me robaste las piernas y se las diste a la temporera pa' que recolectara frutas dulces.
Me robaste la garganta para regalársela al cantante y que refundara la vida.
Me robaste la sangre para dársela al obrero y hacerla vino
donde todos podamos beber, felices, desterrando la soledad.
Me robaste los pies pa' regalárselos al caminante, aburrido de estar solo.
Me robaste la existencia para hacer un colchón y asistir al herido.
Me robaste el pecho para hacer de frente a la injusticia
de este mundo que olvida lo que es amar.
Si, está bien, sé que no rima nada. Lo importante es que es un regalo a tu existencia.
Yo ya no soy nadie, no existo, vivo sin tiempo, andando en este viento sin razón.
Te robaste mi vida, te robaste quién era, ya no tengo idea de nada más.
Hoy solo sé que quiero descansar en tu abrazo, y quiero volver a ver al Padre Sol
tantas veces como quieras amar el secreto de la existencia.
Te amo, mujer, porque contigo sé quién soy.
martes, 7 de septiembre de 2010
Te respiro
Respirar puede ser un acto básico para la vida. Nos hace saber que estamos vivos, que existimos en el mundo de los mortales, hace que nos entre humo o aroma a flores, nos hace mover, nos hace saber y conocer muchos de los secretos de las cosas. Respirar puede ser un acto básico del ser humano. Pero también puede ser un milagro.
Debo confesarte, Constanza, que te he respirado hoy. Es en estos momentos donde dimensiono que casi te me has ido como agua entre los dedos. Por ello es que no puedo soportar a veces cuando juegas a que lanzas tus formas a un río o que te desvaneces en la bruma, como queriéndote desplomar. No es que sea como un padre, mujer, sino que el haber sentido el más mínimo roce de la noche oscura que te llevaba de mí ha hecho que las cosas en esta vida cambien un poco.
Es por ello que admiro tanto el sentir que respiras, mujer. Sentir que estás viva, sentir el roce de su espalda con mi corazón apoyándote en una nube de fresas, como haciendo que los sueños tengan sabor. No sé que me pasa al verte dormir como si vagaras por la existencia exalando aroma a durazno y flores. No sé qué me pasa cuando siento que de tus pulmones sale ese aire, para mí sagrado. Lo que me queda claro es que te siento respirar.
Borras mis lágrimas, mis amarguras, mis sinsabores, Constanza, con tu respiro. Haces que este caminar delirante por la vida sea un sueño, el más hemoso, con tu respiro...
Gracias, Constanza, por vivir, por existir, por respirar...
Debo confesarte, Constanza, que te he respirado hoy. Es en estos momentos donde dimensiono que casi te me has ido como agua entre los dedos. Por ello es que no puedo soportar a veces cuando juegas a que lanzas tus formas a un río o que te desvaneces en la bruma, como queriéndote desplomar. No es que sea como un padre, mujer, sino que el haber sentido el más mínimo roce de la noche oscura que te llevaba de mí ha hecho que las cosas en esta vida cambien un poco.
Es por ello que admiro tanto el sentir que respiras, mujer. Sentir que estás viva, sentir el roce de su espalda con mi corazón apoyándote en una nube de fresas, como haciendo que los sueños tengan sabor. No sé que me pasa al verte dormir como si vagaras por la existencia exalando aroma a durazno y flores. No sé qué me pasa cuando siento que de tus pulmones sale ese aire, para mí sagrado. Lo que me queda claro es que te siento respirar.
Borras mis lágrimas, mis amarguras, mis sinsabores, Constanza, con tu respiro. Haces que este caminar delirante por la vida sea un sueño, el más hemoso, con tu respiro...
Gracias, Constanza, por vivir, por existir, por respirar...
sábado, 4 de septiembre de 2010
Esto que algunos llaman mi vida (por si anda de visita y quiere saber quien cresta soy en un par de hojas)
Antes de comenzar, debo pedir disculpas a aquien se dan un tiempecito de su vida para venir a visitarme un ratito, a esta personalidad tan rara a la que yo llamo Leon Ruiz, este hombre tan extraño y aleado de este mundo tan raro en el que todos vivimos.
Pues bien, estoy aquí principalmente porque me lo han pedido. Muchas cosas han pasado por esta alma viajera en estos meses en los cuales no he pasado por aquí a depositar un par de letras. Conocí el que siento como el amor verdadero, he estudiado cosas que jamás pense estudiar, he sido un lector loco, he viajado hasta las profundidades del alma, enfrentándome a demonios con el monopolio del dolor, sintiendo la muerte al lado, tratando de que se aleje para hacer que la vida fluya, entre muchas otras cosas.
Todo me lleva a una pregunta existencial que me ha robado la tarde, a raíz de muchas de las vivencias en este proceso grande de desafío llamado vida. ¿Quién soy? ¿Cómo me van a recordar el día que ya no esté? ¿Que he hecho de bueno en esta vida que tanto me atrae?
No tengo miedos en compartir algunas de las líneas de mi existencia. La verdad es que esta vez me voy a alejar un poco de la literatura y voy a darme un lujoso ataque de autorreferencia. Nací en un hospital público, en una madrugada de verano, fui gordito, nací con harto pelo, crecí entre muchas mujeres, aislado del mundo, casi sin amigos. Ahí encontré mi primera pasión: mi querida literatura.
A medida que fui creciendo me alejé de lo mucho que quería mi cuerpo. Nunca me gustó, hasta ahora. Escribí mis primeras sandeses, leía mucho, desde los 4 años cuando leía marcas de arroz. Bajé de peso, más crecía, leía como un grande en los actos del colegio y hablaba como una cotorra. Mi voz era de pito, era bastante molestado por eso. Yo, mientras tanto, leía mucho, escribía.
Siempre con corte colegial bien corto, peinado con gel, bien uniformado. De a poco comenzaba a jugar a ser grande en un cuerpo de niño. Si bien nunca dejé de jugar con tierra, a veces haciendo castillos, a veces haciendo planos, a veces inventando la historia de un país (literalmente) inventado. Jugaba a que era profesor y me inventaba las clases con los libros de años anteriores. Comenzaba a crecer un adulto en un cuerpo de niño.
Dos separaciones me hicieron abandonar los juegos a los doce años. Supe lo que era temblar, supe lo que era tener miedo, sentir terror. También supe lo que era romper todas las barreras y miedos para ponerse delante de la persona que mas uno ama para que no le doliera la vida. Supe lo que era también tener que postergarse a la fuerza. Mis letras se volvieron negras. No importaba, las lágrimas no corrían. Nunca fue socialmente permitido que un hombrecito llorara.
Crecí y las letras crecieron conmigo. Siempre repetí los mismos ciclos, como esta bendita historia que estudio: siempre me aferré a las ilusiones más simples, pero las que más permiten obviar las cosas medio malas que están pasando. Crecí a la fuerza, sentí miedos, temores. La pasé mal, siempre esperando a que las cosas mejoraran. No sabía como, pero una lucecita me decía que las cosas mejorarían.
Me enfrenté a la muerte ilusioria, a las ilusiones que se sustentan en la nada,a las amistades temporales que pintan un mundo de color que ya no existe. Viajé cruzando océanos invisibles hasta la nada, quise ver la noche negra bañada en cloro para poder marchar. Desistí, optando siempre por aferrarme a estas letras que me vacían tanto el alma, limpiandolo todo, arrasando con las soledades que inundan en alma del hombre.
Conocí los afectos grandes, me aferré a las ilusiones que no existieron. Pasé de ser un niño a un ensayo de hombre y a un ensayo de amor. Supe nuevamente lo que era sacrificar el alma por lo que se quiere, poner la pasión en lo que es la historia personal, poner todo para que el otro se sienta bien. Pero supe lo que era romper las barreras, sentir culpas, recriminaciones. Mis queridas letras y esta historia que tanto amo me ayudaron a surgir. Nuca tuve pasiones verdaderas, salvo ellas dos y una tercera que estaba por venir.
Force sentimientos, viajé a tierras desconocidas por pasiones que creí correctas y que al final no eran ciertas. Pero hubo algo que no cambió: mi pasión por las letras y por la historia y mi forma de ser pasión: amar sin medida, ponerlo todo en el empaño, hacer que las demás personas fueran un poquitito más felices.
Olvidé que existía y que tenía corazón, alma y cuerpo. Comencé a reencantarme con mi boca, con las palabras mismas, con el cuerpo ese que tanto me acomplejaba. Comenzaba un proceso de querer enamorarme. Comenzaba a conseguir resultados, pero siempre faltaba algo: ese corazón que todo lo complementaba.
Si bien tuve varias oportunidades de querer y ser querido, había algo que faltaba: el amar de verdad, sin culpas. Parece que me hubiese traumado con lo último pero es cierto. Siempre faltó ese amor libre que tan buen sabor de alma deja.
Y si bien los origenes pueden ser discutidos mil veces por mil protagonistas, puedo decir públicamente que la decision tomada fue la mejor, mal para muchos. Porque, como siempre, la gente determinó mi actuar. Y fue la primera decision que tome por mi cuenta, oponiendome a muchos, enfrentandome a los mil vientos que turbaban las decisiones.
Conocí a mi compañera. No a la inventada, no a la surgida de las poesías, no a la que forzaba sentir. A la verdadera, la que aceptó esta alma loca tal como era. Con su vida y su pasado, con su presente y su poema, con su historia y su canción. Me tomó de la mano y me invitó a disfrutar un poquitito más del sabor de la vida, en una magia encantadora de la que me referiré, posiblemente, en muchos otros escritos.
Y, bueno, aquí tiene todos los elementos de juicio para que se responda usted mismo sobre la vida de este hombre que escribe sandeses, de estas letras que viven viajando, de esta persona a la que vino a visitar. ¿Que cómo quiero que me recuerde? Como quiera, como el bueno, como el malo, como el hablador, como el vendedor, empaque, cartero y cajero, como el hijo y hermano, como el soñador y mal cantante,como el enfermo de mil cosas o el maricón de voz de pito que le caía mal, o como el que trataba de saberlo todo y al final no sabía nada. como este escritor de mala muerte que jugaba a ser adulto hasta el día de hoy.
Tan sólo quiero concluir esta breve autobiografía por encargo contándole, como por secreto, que este soy, yo, el de rut 17 millones, nacido el 91 en medio de la transición, ese que ama la historia como a la buena conversación, al pipeño como al buen vino, a la tele como a una buena serie histórica, que le apasiona buscarlo todo para que aprenda, ese que ama con pasión, el enamorado de la Nela, a ese que le dicen tanto dini como mono, ese que disfruta de un bistec a lo pobre tanto como un pie de limón. Ese que no ha cambiado nunca, en realidad.
Quiero concluir con una frase que, creo, representa todo lo que soy y lo que pienso, y el motor de esta vida tan compleja de la cual me enamoré un tanto a la fuerza, la mayoría por encanto:
"Todos los cristianos están llamados a cambiar el mundo, pero de a uno a la vez".
A mi existencia, a mi historia, a quienen hicieron que fuera como soy y a quien me robó este corazón viajero, a mi Nela...
Pues bien, estoy aquí principalmente porque me lo han pedido. Muchas cosas han pasado por esta alma viajera en estos meses en los cuales no he pasado por aquí a depositar un par de letras. Conocí el que siento como el amor verdadero, he estudiado cosas que jamás pense estudiar, he sido un lector loco, he viajado hasta las profundidades del alma, enfrentándome a demonios con el monopolio del dolor, sintiendo la muerte al lado, tratando de que se aleje para hacer que la vida fluya, entre muchas otras cosas.
Todo me lleva a una pregunta existencial que me ha robado la tarde, a raíz de muchas de las vivencias en este proceso grande de desafío llamado vida. ¿Quién soy? ¿Cómo me van a recordar el día que ya no esté? ¿Que he hecho de bueno en esta vida que tanto me atrae?
No tengo miedos en compartir algunas de las líneas de mi existencia. La verdad es que esta vez me voy a alejar un poco de la literatura y voy a darme un lujoso ataque de autorreferencia. Nací en un hospital público, en una madrugada de verano, fui gordito, nací con harto pelo, crecí entre muchas mujeres, aislado del mundo, casi sin amigos. Ahí encontré mi primera pasión: mi querida literatura.
A medida que fui creciendo me alejé de lo mucho que quería mi cuerpo. Nunca me gustó, hasta ahora. Escribí mis primeras sandeses, leía mucho, desde los 4 años cuando leía marcas de arroz. Bajé de peso, más crecía, leía como un grande en los actos del colegio y hablaba como una cotorra. Mi voz era de pito, era bastante molestado por eso. Yo, mientras tanto, leía mucho, escribía.
Siempre con corte colegial bien corto, peinado con gel, bien uniformado. De a poco comenzaba a jugar a ser grande en un cuerpo de niño. Si bien nunca dejé de jugar con tierra, a veces haciendo castillos, a veces haciendo planos, a veces inventando la historia de un país (literalmente) inventado. Jugaba a que era profesor y me inventaba las clases con los libros de años anteriores. Comenzaba a crecer un adulto en un cuerpo de niño.
Dos separaciones me hicieron abandonar los juegos a los doce años. Supe lo que era temblar, supe lo que era tener miedo, sentir terror. También supe lo que era romper todas las barreras y miedos para ponerse delante de la persona que mas uno ama para que no le doliera la vida. Supe lo que era también tener que postergarse a la fuerza. Mis letras se volvieron negras. No importaba, las lágrimas no corrían. Nunca fue socialmente permitido que un hombrecito llorara.
Crecí y las letras crecieron conmigo. Siempre repetí los mismos ciclos, como esta bendita historia que estudio: siempre me aferré a las ilusiones más simples, pero las que más permiten obviar las cosas medio malas que están pasando. Crecí a la fuerza, sentí miedos, temores. La pasé mal, siempre esperando a que las cosas mejoraran. No sabía como, pero una lucecita me decía que las cosas mejorarían.
Me enfrenté a la muerte ilusioria, a las ilusiones que se sustentan en la nada,a las amistades temporales que pintan un mundo de color que ya no existe. Viajé cruzando océanos invisibles hasta la nada, quise ver la noche negra bañada en cloro para poder marchar. Desistí, optando siempre por aferrarme a estas letras que me vacían tanto el alma, limpiandolo todo, arrasando con las soledades que inundan en alma del hombre.
Conocí los afectos grandes, me aferré a las ilusiones que no existieron. Pasé de ser un niño a un ensayo de hombre y a un ensayo de amor. Supe nuevamente lo que era sacrificar el alma por lo que se quiere, poner la pasión en lo que es la historia personal, poner todo para que el otro se sienta bien. Pero supe lo que era romper las barreras, sentir culpas, recriminaciones. Mis queridas letras y esta historia que tanto amo me ayudaron a surgir. Nuca tuve pasiones verdaderas, salvo ellas dos y una tercera que estaba por venir.
Force sentimientos, viajé a tierras desconocidas por pasiones que creí correctas y que al final no eran ciertas. Pero hubo algo que no cambió: mi pasión por las letras y por la historia y mi forma de ser pasión: amar sin medida, ponerlo todo en el empaño, hacer que las demás personas fueran un poquitito más felices.
Olvidé que existía y que tenía corazón, alma y cuerpo. Comencé a reencantarme con mi boca, con las palabras mismas, con el cuerpo ese que tanto me acomplejaba. Comenzaba un proceso de querer enamorarme. Comenzaba a conseguir resultados, pero siempre faltaba algo: ese corazón que todo lo complementaba.
Si bien tuve varias oportunidades de querer y ser querido, había algo que faltaba: el amar de verdad, sin culpas. Parece que me hubiese traumado con lo último pero es cierto. Siempre faltó ese amor libre que tan buen sabor de alma deja.
Y si bien los origenes pueden ser discutidos mil veces por mil protagonistas, puedo decir públicamente que la decision tomada fue la mejor, mal para muchos. Porque, como siempre, la gente determinó mi actuar. Y fue la primera decision que tome por mi cuenta, oponiendome a muchos, enfrentandome a los mil vientos que turbaban las decisiones.
Conocí a mi compañera. No a la inventada, no a la surgida de las poesías, no a la que forzaba sentir. A la verdadera, la que aceptó esta alma loca tal como era. Con su vida y su pasado, con su presente y su poema, con su historia y su canción. Me tomó de la mano y me invitó a disfrutar un poquitito más del sabor de la vida, en una magia encantadora de la que me referiré, posiblemente, en muchos otros escritos.
Y, bueno, aquí tiene todos los elementos de juicio para que se responda usted mismo sobre la vida de este hombre que escribe sandeses, de estas letras que viven viajando, de esta persona a la que vino a visitar. ¿Que cómo quiero que me recuerde? Como quiera, como el bueno, como el malo, como el hablador, como el vendedor, empaque, cartero y cajero, como el hijo y hermano, como el soñador y mal cantante,como el enfermo de mil cosas o el maricón de voz de pito que le caía mal, o como el que trataba de saberlo todo y al final no sabía nada. como este escritor de mala muerte que jugaba a ser adulto hasta el día de hoy.
Tan sólo quiero concluir esta breve autobiografía por encargo contándole, como por secreto, que este soy, yo, el de rut 17 millones, nacido el 91 en medio de la transición, ese que ama la historia como a la buena conversación, al pipeño como al buen vino, a la tele como a una buena serie histórica, que le apasiona buscarlo todo para que aprenda, ese que ama con pasión, el enamorado de la Nela, a ese que le dicen tanto dini como mono, ese que disfruta de un bistec a lo pobre tanto como un pie de limón. Ese que no ha cambiado nunca, en realidad.
Quiero concluir con una frase que, creo, representa todo lo que soy y lo que pienso, y el motor de esta vida tan compleja de la cual me enamoré un tanto a la fuerza, la mayoría por encanto:
"Todos los cristianos están llamados a cambiar el mundo, pero de a uno a la vez".
A mi existencia, a mi historia, a quienen hicieron que fuera como soy y a quien me robó este corazón viajero, a mi Nela...
jueves, 22 de abril de 2010
"Azucar"
Se que seria muy fome una venganza en la cual no me sintiera mal. Pero la verdad es que se hacía necesario reparar en algunas cuestiones que se hacen necesarias a la hora de considerar una venganza.
Y es que, si se me permite un cuestionamiento, ¿Que es estar mudo? ¿Que es hacer que otro sea ignorado? La verdad puede representar muchas cosas. Es mas, esto surge a raiz del cuento siguente en el que estas dos palabras se entremezclaron. Venganza y mudez.
Hubo una vez una oveja que pastaba muy feliz entre los campos de la vida. Y vagaba sin un calro rumbo fijo Se sentía algo extraña en aquel redil: era morenita, un poco más que las demás, no balaba en la misma frecuencia, se retiraba a pensar, sola, en cosas en las que nadie pensaba.
Un día, junto al arrollo, se cuestionaba acerca de quién era y por que caminaba en la tierra. Sintió que, al instante, algo le oprimía dentro del pecho. A la altura de su corazón -y entre su cabeza-, sintió que una masa hacía que pensara muchas cosas. Pensaba en el cómo vivían los demás, los humanos que la mandaban, quiso ponerse un nombre. Es más, disfrutaba de los pastos de otra manera distinta a las demás. Sentía que debía vagar por la vida.
No supo como, pero una noche escapó por una hendija de la granja. Y se puso a conversar con una nube. Y a la nube le preguntó "¿Quien eres?". Ella le contestó, simplemente, que estaba muy ocupada para contestarle. Entre que la perseguía, se encontró con una hormiga.
La hormiga le dijo que estaba muy ocupada trabajando. Tenía muchas ganas de preguntarle "¿Por qué hay que trabajar?". Pero no se dio el tiempo. Estaba muy apurada empujando comida a su hormiguero. Callada, vacía, sin mucha entretención.
Mientras seguía su viaje, le habló al agua. Y el agua no le contestaba nada. Querñia preguntarle por qué no podía ser otra cosa más que oveja y por qué tenía una masa adentro que le hacía pensar tanto. Pero el agua estaba tan dormida que no le contestó.
Estaba aburridísima en la búsqueda de encontrar quien era. En el camino habló con las hojas, con el viento, con el mismísimo corazón que llevaba dentro. Pero nadie le daba la respuesta. Las primeras, estaban ocupadas atajando al viento, el viento estaba muy ocupado tratando de empujar al mundo hacia el lado que él quería. Por otra parte, su corazón estaba muy ocupado tratando de encontrar las respuestas.
En la cima de una colina se detuvo a pensar junto a su alma en todas las cosas que le habían sucedido. Su alma le dijo que en el camino había aprendido a caminar, a ser una oveja. Había aprendido que no tenía que ser callada, demasiado laboriosa porque afectaba el animo y volvía ciego, encerrado en el redil porque volvía egoista, esclava del tiempo porque volvía terco, callado en demasía porque cerraba el alma, centrado en exceso en preguntas sin respuesta porque cerraba la vida.
Se dijo a sí misma "no es que no quiera dejar de preguntarme ni de caminar, pero creo que necesito un pequeño descanso". Durmió toda la noche.
A la mañana siguiente -se dijo-, voy a probar del mundo. Se topó con un terrón de azucar. Lo probó. Le quedó gustando aquel sabor oculto en la vida. No lo olvidaría en muchisimo tiempo.
Un día, jugando en los jardines de la vida, se encontró con otra oveja morena perdida. Ambos estaban buscando cosas que no encontraban en ninguna parte. Por ejemplo, un nombre. Ambos miraban al agua -que para variar no les contestaba-, al viento -que andaba muy enojado siempre en esos lados- y a las hormigas -que trabajaban casi sin descanso todo el año-.
Jugando, ambos, él le quitó su terrón de azucar. Ella, se enojó y, en venganza -y como nunca-, le dijo al viento que le ayudara con su enojo, a la hormiga con su pequeñez y laboriosidad inmensa y al agua con su mudez.
Cuando el ovejo -así lo llamaremos por efectos de este relato-, se dispuso a saborear el terrón, la hormiga hizo que se tropezara. El terrón no alcanzó a tocar el suelo, porque el viento fuertísimo, enojado, lo llevó al agua. El agua se lo tragó. No lo devolvió nunca mas.
El ovejo se fue a llorar a la orilla del lago. El viento, el agua y la hormiga se sintieron extrañados porque lloraba mucho. Nadie sabía por qué. A coro se acercaron a preguntarle. Seguia mudo.
La oveja, riendo mucho porque su venganza estaba hecha, fue interrumpida en su risa por los tres. A coro le dijeron que coriera al lago para que fuera a parar ese llanto desconsolado. Ahi lo encontraron.
No podía parar de llorar. Nadie lo controlaba. Por detrás se acercó la oveja y le preguntó el porqué del llanto.
"Siempre me senti raro en mi redil. Pensé mucho, camine mucho, por el mundo entero, en vueltas muy largas. Y lo unico que busque toda mi vida era un terroncito de azucar. Cuando lo encontre al fin me lo quitaste".
La oveja, muy acongojada, le pidio perdon. Ambos se sentaron a balar, a la orilla del lago, el que les regalo un terron gigante. Nunca mas dejaron de comer.
Desde ese dia, ambas ovejas siguieron pensando en las cosas que nadie pensaba, comiendo las cosas que nadie comia. Fueron muy felices mucho tiempo.
El ovejo le dijo a la oveja que si tenia nombre. "¿Te gusta el azucar?", le dijo, a lo que ella le contesto con una afirmacion. "Dulce", ponte de nombre, le dijo.
Desde ese dia nunca mas dejaron de comer terrones de azucar juntos.
Y es que, si se me permite un cuestionamiento, ¿Que es estar mudo? ¿Que es hacer que otro sea ignorado? La verdad puede representar muchas cosas. Es mas, esto surge a raiz del cuento siguente en el que estas dos palabras se entremezclaron. Venganza y mudez.
Hubo una vez una oveja que pastaba muy feliz entre los campos de la vida. Y vagaba sin un calro rumbo fijo Se sentía algo extraña en aquel redil: era morenita, un poco más que las demás, no balaba en la misma frecuencia, se retiraba a pensar, sola, en cosas en las que nadie pensaba.
Un día, junto al arrollo, se cuestionaba acerca de quién era y por que caminaba en la tierra. Sintió que, al instante, algo le oprimía dentro del pecho. A la altura de su corazón -y entre su cabeza-, sintió que una masa hacía que pensara muchas cosas. Pensaba en el cómo vivían los demás, los humanos que la mandaban, quiso ponerse un nombre. Es más, disfrutaba de los pastos de otra manera distinta a las demás. Sentía que debía vagar por la vida.
No supo como, pero una noche escapó por una hendija de la granja. Y se puso a conversar con una nube. Y a la nube le preguntó "¿Quien eres?". Ella le contestó, simplemente, que estaba muy ocupada para contestarle. Entre que la perseguía, se encontró con una hormiga.
La hormiga le dijo que estaba muy ocupada trabajando. Tenía muchas ganas de preguntarle "¿Por qué hay que trabajar?". Pero no se dio el tiempo. Estaba muy apurada empujando comida a su hormiguero. Callada, vacía, sin mucha entretención.
Mientras seguía su viaje, le habló al agua. Y el agua no le contestaba nada. Querñia preguntarle por qué no podía ser otra cosa más que oveja y por qué tenía una masa adentro que le hacía pensar tanto. Pero el agua estaba tan dormida que no le contestó.
Estaba aburridísima en la búsqueda de encontrar quien era. En el camino habló con las hojas, con el viento, con el mismísimo corazón que llevaba dentro. Pero nadie le daba la respuesta. Las primeras, estaban ocupadas atajando al viento, el viento estaba muy ocupado tratando de empujar al mundo hacia el lado que él quería. Por otra parte, su corazón estaba muy ocupado tratando de encontrar las respuestas.
En la cima de una colina se detuvo a pensar junto a su alma en todas las cosas que le habían sucedido. Su alma le dijo que en el camino había aprendido a caminar, a ser una oveja. Había aprendido que no tenía que ser callada, demasiado laboriosa porque afectaba el animo y volvía ciego, encerrado en el redil porque volvía egoista, esclava del tiempo porque volvía terco, callado en demasía porque cerraba el alma, centrado en exceso en preguntas sin respuesta porque cerraba la vida.
Se dijo a sí misma "no es que no quiera dejar de preguntarme ni de caminar, pero creo que necesito un pequeño descanso". Durmió toda la noche.
A la mañana siguiente -se dijo-, voy a probar del mundo. Se topó con un terrón de azucar. Lo probó. Le quedó gustando aquel sabor oculto en la vida. No lo olvidaría en muchisimo tiempo.
Un día, jugando en los jardines de la vida, se encontró con otra oveja morena perdida. Ambos estaban buscando cosas que no encontraban en ninguna parte. Por ejemplo, un nombre. Ambos miraban al agua -que para variar no les contestaba-, al viento -que andaba muy enojado siempre en esos lados- y a las hormigas -que trabajaban casi sin descanso todo el año-.
Jugando, ambos, él le quitó su terrón de azucar. Ella, se enojó y, en venganza -y como nunca-, le dijo al viento que le ayudara con su enojo, a la hormiga con su pequeñez y laboriosidad inmensa y al agua con su mudez.
Cuando el ovejo -así lo llamaremos por efectos de este relato-, se dispuso a saborear el terrón, la hormiga hizo que se tropezara. El terrón no alcanzó a tocar el suelo, porque el viento fuertísimo, enojado, lo llevó al agua. El agua se lo tragó. No lo devolvió nunca mas.
El ovejo se fue a llorar a la orilla del lago. El viento, el agua y la hormiga se sintieron extrañados porque lloraba mucho. Nadie sabía por qué. A coro se acercaron a preguntarle. Seguia mudo.
La oveja, riendo mucho porque su venganza estaba hecha, fue interrumpida en su risa por los tres. A coro le dijeron que coriera al lago para que fuera a parar ese llanto desconsolado. Ahi lo encontraron.
No podía parar de llorar. Nadie lo controlaba. Por detrás se acercó la oveja y le preguntó el porqué del llanto.
"Siempre me senti raro en mi redil. Pensé mucho, camine mucho, por el mundo entero, en vueltas muy largas. Y lo unico que busque toda mi vida era un terroncito de azucar. Cuando lo encontre al fin me lo quitaste".
La oveja, muy acongojada, le pidio perdon. Ambos se sentaron a balar, a la orilla del lago, el que les regalo un terron gigante. Nunca mas dejaron de comer.
Desde ese dia, ambas ovejas siguieron pensando en las cosas que nadie pensaba, comiendo las cosas que nadie comia. Fueron muy felices mucho tiempo.
El ovejo le dijo a la oveja que si tenia nombre. "¿Te gusta el azucar?", le dijo, a lo que ella le contesto con una afirmacion. "Dulce", ponte de nombre, le dijo.
Desde ese dia nunca mas dejaron de comer terrones de azucar juntos.
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