Yo se que en este momento debería estar haciendo un montón de cosas, tratando de resumir un millón de ideas que parece que no me van a servir para nada. Sé que en este instante debería estar tratando de trabajar, pero no puedo. Miro mi mano, miro tus letras de fuego sobre ella. Miro la vida pasar, llena de vida por entre mis poros. No puedo dejar de pensar que en aquella casa que tengo colgada en las alturas tengo tu sombra acompañándome y rondándome como un camino que va hacia la mar. Tengo mil ideas divagantes que me rondan en la cabeza... que aun estas en mi Azul y aun no olvido tantas tardes de caminatas que me siguen llenando la cabeza con corrientes de conciencia. Yo te amo, Daniela, yo te amo, con la vida, con el alma, con el corazón. Ya las manos se me han escapado del cuerpo y parece que salieran a buscarte. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Dónde se alojan los recuerdos de mi alma errante buscando tus pasiones que se han quedado en mi? ¿Dónde tiene límites la orilla de la mar? ¿Dónde me encuentro si estoy sobre la nada, extrañándote? Yo ya no sé que hacer con el fin de seguir teniéndote junto a mi. Yo ya no sé cómo hacer para seguir pegado a tu pecho, seguir recorriendome el alma con tus recuerdos, tus besos y tus "te amo" que me siguen a cada lado como fantasmitas que se apoyan en mi hombro y me acompañan a caminar.
Tengo, como por esperanzas de cada día en mis pies, algodón que me lleva flotando por dos horas hasta ti. Cada vez que camino ya no me detengo en los detalles tristes de la vida: cada motivación que se genera con cada paso es el verte, es abrazarte, es sentirte nuevamente. Es volver a respirar el aroma que a uno lo hechiza y lo lleva al sol por un par de segundos, es volver a caminar por el Padre Sol sin sentir miedo, es volver a tener un alfabeto de amor recorriendo cada uno de mis secretos inconfesables. Te lo dije una vez: "comparto mi poder con quien comparto mis secretos inconfesables".
Y no sé por qué pretendo hacer esto público. Lo entiendo: se que se me ha ido un poco el lado tierno que a ti tanto te enamora. No me había dado cuenta. Me da rabia y pena pensar que las tensiones y las risas estrepitosas matan un poco el Azul que todos tenemos dentro. Pero quiero que sepas que cada día al levantarme me levanto pensando en ti. Que cada noche al acostarme tengo tu recuerdo junto a mi abrazándome para poder desdoblarme tranquilo hacia el Edén que el catolicismo me prometió. Contigo aprendí que el Edén existe: cada uno lo tiene junto a sí cuando ama hasta desfallecer, hasta la locura, hasta que ya uno no puede suspirar más de tanto amor. Yo, por mi parte, aunque ya no escriba tantas cartas como antes y a lo mejor se me haya ido lo un poco niño, sigo enamorado cada vez más de ti.
Y yo no te quiero dejar. ¡Borrate los miedos, mujer, borrate cada una de las palabras malas que se te pueden cruzar por la cabeza! ¡Borrate todas las penurias que te dejaron los amores fallidos y los caminos inconclusos! Amor mío, amor que me llena el alma, amor que me deja vivo y muerto y desfallecido con un beso: yo te amo con todo lo que ello implica. No me importa pasar hambre, frío, lluvia, carencias de todo tipo por verte un ratito. No me importa tener que dormir menos si tengo tu compañía cuando trabajo. Amor, gracias, por aclararme las verdades y por hacer que todo lo que vivo tiene un sentido. Yo te amo, Daniela Queupumil. Jamás pensé que amaría de esta forma.
Daniela Queupumil, quiero pasar muchos años contigo. No quiero que te vayas y no quiero que te vayas para ninguna parte que no sea hacia mi alma. En tu alma quiero vivir, en tu alma quiero morir y en tu alma quiero estar todos los años que la vida me permita. En tu vida quiero descansar y si tengo que llorar tu cuerpo dormido por la misma vida que me dejó verte me voy a mimetizar con los bosques negros para nunca más volver. Si vuelvo va a ser con una parte menos de mi alma.
Contigo vi visto nacer y morir la vida, contigo he vivido y vivo las alegrías más sublimes de la existencia. Contigo despuntó mi vida hacia las alegrías más absolutas. Quiero conocerte y, en lo posible, hacer mi existencia más sólida contigo y compartir hasta la comida. Gracias por todas las veces que me has salvado de las penas más profundas y de las rabias que yo ya no quiero vivir.
Tengo la fortuna de decir -porque vengo del otro lado- que me puedo morir tranquilo porque he conocido el amor puro, verdadero y correspondido. Quiero contarle al mundo que soy feliz y emocionado de ser feliz con la mujer que siempre estuvo en mis sueños y le pedí a Dios y la Virgen Madre que me ayudó en cada caminata triste por las calles de mi ciudad. Quiero contarle al mundo como un secreto a voces que tú, Daniela Queupumil, con todos los males que te achacas y que no son ciertos, que con todo lo mal que a veces piensas de ti yo te amo con mi vida y que te agradezco volver a vivir. Daniela Queupumil: te amo. No cambiaría todas mis vivencias ni mis dolores ni mis desilusiones por nada del mundo. De no haber llorado como lloré no te hubiese conocido. Gracias a ti conocí el amor.