miércoles, 8 de julio de 2009

Te Pareces

Amada mía te pareces
a un delfín:
sabes mucho, sabes bastante.
Pero cuando estás entre delfines te pareces a una ostra:
te muestras sólo con ostras.
Así es que déjame, de tu ostra,
sacar la perla de tu alma
y que me recibas con alegría
y alegoría.
Déjame mostrarte ostra
porque considero que te quiero.
Y parece que tus ojos
son dos perlas que han salido del mar.
Tus cabellos son de risa
y tu mirada fiel
es de estrellas alineadas
como un lecho
de rosas.

Amada mía te pareces
al mar.
Eres una sirena y quiero modelarte a mi forma.
Eres una muñeca de plasticina.
Quiero hacerte un tierno corazón que quiera
quererme sólo a mí.
Aunque no puedo darte riquezas
puedo darte una sonrisa
eterna,
puedo darte una felicidad estable
al costo de mi vida
y de mi muerte.

Amada mía te pareces
a una rosa en botón
que florece al ritmo
de mi alma,
eres mi melancolía,
eres la otra mitad de mi alma,
eres la luz en las tinieblas,
eres de amor la última canción
que canto.


Amada mía te pareces
al manjar:
eres deliciosa, eres hermosa.
Amada mía te pareces
a las lloviznas de abril:
eres fuerte, eres concentrada
como en un libro escogido
de poemas de amor.
Eres como las mariposas:
vives un día y eres preciosa.
Amada mía te pareces a las golondrinas:
naces y te vas
pero vuelves a tu nido.
Amada mía te pareces a una oda infinita.
Amada mía, te canto:
te amo, y no me engaño.

Amada mía te pareces
a las grandes olas de invierno:
abrazas con tu fuego
a todo el mundo
de mi alma.
Amada mía te pareces
a las hojas de otoño:
caes reseca, caes triste
sobre la húmeda tierra.
Amada mía te pareces
a las grandes casonas de campo:
en colores eres triste
pero en extensión eres generosa.
Amada mía te pareces
a mi más dulce poema:
amo, siento, quiero, deseo
que me mires fijamente
como te miro yo.

Amada mía te pareces
a una risa:
eres colorida y valiosa.
Amada mía te pareces
a la más dulce miel de verano
del panal de una abeja reina.
Amada mía te pareces al siete de corazones:
eres la suerte de algunos,
sobre todo de mí.
Eres la sal de mis hojas
y la paz de mi garganta,
la tranquilidad de una Catedral
y las líneas de mi poema.
Amada mía te pareces
a mi cavidad borrada.
Amada mía te pareces
a mi horno de luces,
a mi cruz de flores.
Amada mía eres mi flor de botón.
Quiero contarte mis secretos,
mis secretos en flor.
Tengo envidia de tu suerte,
de tu suerte en el amor.
Amada mía eres la huella,
la última de pasión:
eres contenta, eres alegre,
eres ferviente, eres maravillosa.
Tan brillante como el oro,
transparente como el vidrio,
clara como la luz,
sencilla como la letra a,
la letra con la que empiezan
mis homenajes hacia ti.
La letra con la que empieza
amor, amar.
Es la letra que tu nombre porta entre medio.
Eres mi oda, eres mi poema:
esta es mi vida para ti.

Amada mía te pareces
a un pensamiento:
eres firme, eres decidida
y dejas tu inconfundible huella al andar.
Eres deliciosa al saborearte,
eres clara, eres preciosa
como un diamante al nacer.
Eres mediana de labios,
eres preciosa de ojos,
eres como un manojo de llaves:
múltiple y dorada.
Amada mía te pareces
al incienso:
eres deliciosa, hermosa
y agradable.

Amada mía te pareces
a una manzana:
eres cautiva
y preciosa
como un diamante.
Amada mía te pareces
a un ejercicio matemático:
eres complicada, compleja.
Amada mía te pareces
a las lluvias de invierno:
me conectas, me llevas
y me dejas envuelto dentro de ti.
Amada mía: creo que te amo.
Y no sé con qué compararte
porque encontré una razón
más poderosa que todas las comparaciones:
te amo.

15.Julio.2004