lunes, 13 de septiembre de 2010

Padre Sol

Nunca voy a olvidarme de quién me llevo de la mano a conocer al Padre Sol.
Jamás olvidaré quién, en una nube, me llevó a volar a los más altos cielos conocidos.
Quiero hacer que la vida se te llene de colores,
que el alma sea única,
que esta vida se nos llene de amores a la eternidad.

Me encanta ese rostro de miel y de azúcar encantada por tu vida y tu pasado.
¿Pasado? ¿Tiempo? ¿Quién dijo que venía desde cielos lejanos?
Quiero bailarle un tango eterno a la vida por todos los años que no nos vimos.
Olvídate, mujer, de mi pasado. Yo amo mi presente: tú.

Es que tú me robaste la cabeza, el cuerpo y la vida.
Me robaste los brazos y los hiciste trabajar de minero, pa llenarte de oro el corazón.
Me robaste las manos y escribiste con ellas el futuro, la vida y la razón.
Me robaste la mente pa' filosofar mil melodías eternas a tu belleza.
Me quitaste la vida pa que el mundo viviera más feliz.

Me robaste las piernas y se las diste a la temporera pa' que recolectara frutas dulces.
Me robaste la garganta para regalársela al cantante y que refundara la vida.
Me robaste la sangre para dársela al obrero y hacerla vino
donde todos podamos beber, felices, desterrando la soledad.

Me robaste los pies pa' regalárselos al caminante, aburrido de estar solo.
Me robaste la existencia para hacer un colchón y asistir al herido.
Me robaste el pecho para hacer de frente a la injusticia
de este mundo que olvida lo que es amar.

Si, está bien, sé que no rima nada. Lo importante es que es un regalo a tu existencia.
Yo ya no soy nadie, no existo, vivo sin tiempo, andando en este viento sin razón.
Te robaste mi vida, te robaste quién era, ya no tengo idea de nada más.

Hoy solo sé que quiero descansar en tu abrazo, y quiero volver a ver al Padre Sol
tantas veces como quieras amar el secreto de la existencia.

Te amo, mujer, porque contigo sé quién soy.

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