Quizás esta pequeña carta abierta no es por una red social muy conocida y quizás esto no lo veas nunca. Se que no escribo mucho y lo sabes, se que las cosas en nuestras vidas han cambiado. Nosotros, claramente, no solos los mismos, pero nos amamos con una dulzura tan grande como la miel del primer beso.
Amor, negrita mía, hoy tienes veinte años y no me canso de agradecerle a la vida por todos los momentos juntos. La verdad es que cada día me siento más y más orgulloso de que la vida me haya cruzado por delante tuyo para poder tener el privilegio de mirarte a los ojos. Almendrita mía, espero hayas disfrutado cada segundo de este tiempo juntos.
En estos momentos podría yo odiar a cada mujer que hizo estragos en mí, pero tú y solo tú me has hecho entender que no se puede odiar al pasado, sino amarlo. ¿Quién podría culparte por hacer que mi corazón se haya sanado de todo y que mi cuerpo haya recuperado algo de peso por estar triste? ¿Quién te puede culpar por tener esos ojos y esa silueta tan perfecta? ¿Quién te puede culpar por llevarme a conocer al Padre Sol cada vez que cerramos los ojos e imaginamos el mundo?
Amor mío, negra mía, no puedo hacer más que agradecerte cada segundo a tu lado. No puedo hacer más que darte las gracias por cada día que me has llamado, que me has cuidado en la enfermedad, que me has soportado en la pobreza, que me has ayudado a caminar. Gracias por ser mis ojos en la ceguera, por ser mi nota musical en el desorden del alma, por ser mi mano firme cuando no quería levantarme de la cama por no querer respirar un soplo de vida. Gracias, amor, por salvarme de los infiernos del alma.
Te lo he dicho una y mil veces: los tiempos de Dios, de la vida, no son los mismos que los de uno, A veces queremos tantas cosas, amor, que el alma se nos impacienta a tal punto de caer en la desesperación. Amor mío: el dulce pastel de la vida te dará una tajada cuando tu puesto en la mesa del destino esté completamente listo. Aun le faltan algunos segundos para que te llamen a la mesa. Espera los vientos de la primavera que, estoy seguro, te llevarán allí.
Te amo, amor, más que a mi vida. No puedo negarlo y no puedo ocultarlo. Gracias por darme la oportunidad de dejarme estar dentro de tus sueños. Gracias por darme la secreta esperanza de seguir juntos hasta la muerte. Gracias, por ser tú la musa de cada uno de mis latidos al despertar y al dormir.
Te amo con el alma, Daniela Queupumil.
Tu León.