miércoles, 17 de agosto de 2011

Veinte años.

Tienes veinte años, amor de mi vida, y quizás no tienes idea de lo que has logrado. Me insistes hasta el cansancio que a nadie le importas salvo a mi. Negrita de mi corazón, alma de mi carne, sublime pasar de mi existencia. A mi sí me importas.

Quizás esta pequeña carta abierta no es por una red social muy conocida y quizás esto no lo veas nunca. Se que no escribo mucho y lo sabes, se que las cosas en nuestras vidas han cambiado. Nosotros, claramente, no solos los mismos, pero nos amamos con una dulzura tan grande como la miel del primer beso.

Amor, negrita mía, hoy tienes veinte años y no me canso de agradecerle a la vida por todos los momentos juntos. La verdad es que cada día me siento más y más orgulloso de que la vida me haya cruzado por delante tuyo para poder tener el privilegio de mirarte a los ojos. Almendrita mía, espero hayas disfrutado cada segundo de este tiempo juntos.

En estos momentos podría yo odiar a cada mujer que hizo estragos en mí, pero tú y solo tú me has hecho entender que no se puede odiar al pasado, sino amarlo. ¿Quién podría culparte por hacer que mi corazón se haya sanado de todo y que mi cuerpo haya recuperado algo de peso por estar triste? ¿Quién te puede culpar por tener esos ojos y esa silueta tan perfecta? ¿Quién te puede culpar por llevarme a conocer al Padre Sol cada vez que cerramos los ojos e imaginamos el mundo?

Amor mío, negra mía, no puedo hacer más que agradecerte cada segundo a tu lado. No puedo hacer más que darte las gracias por cada día que me has llamado, que me has cuidado en la enfermedad, que me has soportado en la pobreza, que me has ayudado a caminar. Gracias por ser mis ojos en la ceguera, por ser mi nota musical en el desorden del alma, por ser mi mano firme cuando no quería levantarme de la cama por no querer respirar un soplo de vida. Gracias, amor, por salvarme de los infiernos del alma.

Te lo he dicho una y mil veces: los tiempos de Dios, de la vida, no son los mismos que los de uno, A veces queremos tantas cosas, amor, que el alma se nos impacienta a tal punto de caer en la desesperación. Amor mío: el dulce pastel de la vida te dará una tajada cuando tu puesto en la mesa del destino esté completamente listo. Aun le faltan algunos segundos para que te llamen a la mesa. Espera los vientos de la primavera que, estoy seguro, te llevarán allí.

Te amo, amor, más que a mi vida. No puedo negarlo y no puedo ocultarlo. Gracias por darme la oportunidad de dejarme estar dentro de tus sueños. Gracias por darme la secreta esperanza de seguir juntos hasta la muerte. Gracias, por ser tú la musa de cada uno de mis latidos al despertar y al dormir.

Te amo con el alma, Daniela Queupumil.

Tu León.

viernes, 12 de agosto de 2011

Frutilla

Nela, nela mía, nela hermosa, nela del alma. Ya no sé qué hacer para dejar tu recuerdo a un lado. Tengo tu aroma de frutilla pegada en mi mente y la verdad es que no puedo desprenderla de mis sueños. No sabes cómo quiero dejar mi alma volar a tu encuentro para poder darle un beso de buenas noches en la frente y hacer la imaginación volar... no tienes idea cuántos latidos doy por ti en cada suspiro, no tienes idea cuán enamorado de ti estoy.

Tengo una corriente de conciencia que no me podía quitar de la mente y esta era la única forma que tenía para seguir la vida sin poder estar contigo. Quiero que sepas que ahorita, como me ves, como me lees, me quiero quedar contigo a dormitar en los brazos del Padre Sol. Ese que siempre nos recibe con el corazón abierto para dejar la vida volar.

Amor, tengo una opresión gigante en el pecho por los sueños inconclusos. Quiero quitarlos ya de aquí para que nos dejen ser absolutamente felices. Eres una delicia de mujer y tienes un alma inmensamente dulce. No quiero que por nada del mundo la pierdas. No sé si lees esto, pero de ser así te quiero con el alma, amor. No me quiero separar jamás de ti.