Antes de comenzar, debo pedir disculpas a aquien se dan un tiempecito de su vida para venir a visitarme un ratito, a esta personalidad tan rara a la que yo llamo Leon Ruiz, este hombre tan extraño y aleado de este mundo tan raro en el que todos vivimos.
Pues bien, estoy aquí principalmente porque me lo han pedido. Muchas cosas han pasado por esta alma viajera en estos meses en los cuales no he pasado por aquí a depositar un par de letras. Conocí el que siento como el amor verdadero, he estudiado cosas que jamás pense estudiar, he sido un lector loco, he viajado hasta las profundidades del alma, enfrentándome a demonios con el monopolio del dolor, sintiendo la muerte al lado, tratando de que se aleje para hacer que la vida fluya, entre muchas otras cosas.
Todo me lleva a una pregunta existencial que me ha robado la tarde, a raíz de muchas de las vivencias en este proceso grande de desafío llamado vida. ¿Quién soy? ¿Cómo me van a recordar el día que ya no esté? ¿Que he hecho de bueno en esta vida que tanto me atrae?
No tengo miedos en compartir algunas de las líneas de mi existencia. La verdad es que esta vez me voy a alejar un poco de la literatura y voy a darme un lujoso ataque de autorreferencia. Nací en un hospital público, en una madrugada de verano, fui gordito, nací con harto pelo, crecí entre muchas mujeres, aislado del mundo, casi sin amigos. Ahí encontré mi primera pasión: mi querida literatura.
A medida que fui creciendo me alejé de lo mucho que quería mi cuerpo. Nunca me gustó, hasta ahora. Escribí mis primeras sandeses, leía mucho, desde los 4 años cuando leía marcas de arroz. Bajé de peso, más crecía, leía como un grande en los actos del colegio y hablaba como una cotorra. Mi voz era de pito, era bastante molestado por eso. Yo, mientras tanto, leía mucho, escribía.
Siempre con corte colegial bien corto, peinado con gel, bien uniformado. De a poco comenzaba a jugar a ser grande en un cuerpo de niño. Si bien nunca dejé de jugar con tierra, a veces haciendo castillos, a veces haciendo planos, a veces inventando la historia de un país (literalmente) inventado. Jugaba a que era profesor y me inventaba las clases con los libros de años anteriores. Comenzaba a crecer un adulto en un cuerpo de niño.
Dos separaciones me hicieron abandonar los juegos a los doce años. Supe lo que era temblar, supe lo que era tener miedo, sentir terror. También supe lo que era romper todas las barreras y miedos para ponerse delante de la persona que mas uno ama para que no le doliera la vida. Supe lo que era también tener que postergarse a la fuerza. Mis letras se volvieron negras. No importaba, las lágrimas no corrían. Nunca fue socialmente permitido que un hombrecito llorara.
Crecí y las letras crecieron conmigo. Siempre repetí los mismos ciclos, como esta bendita historia que estudio: siempre me aferré a las ilusiones más simples, pero las que más permiten obviar las cosas medio malas que están pasando. Crecí a la fuerza, sentí miedos, temores. La pasé mal, siempre esperando a que las cosas mejoraran. No sabía como, pero una lucecita me decía que las cosas mejorarían.
Me enfrenté a la muerte ilusioria, a las ilusiones que se sustentan en la nada,a las amistades temporales que pintan un mundo de color que ya no existe. Viajé cruzando océanos invisibles hasta la nada, quise ver la noche negra bañada en cloro para poder marchar. Desistí, optando siempre por aferrarme a estas letras que me vacían tanto el alma, limpiandolo todo, arrasando con las soledades que inundan en alma del hombre.
Conocí los afectos grandes, me aferré a las ilusiones que no existieron. Pasé de ser un niño a un ensayo de hombre y a un ensayo de amor. Supe nuevamente lo que era sacrificar el alma por lo que se quiere, poner la pasión en lo que es la historia personal, poner todo para que el otro se sienta bien. Pero supe lo que era romper las barreras, sentir culpas, recriminaciones. Mis queridas letras y esta historia que tanto amo me ayudaron a surgir. Nuca tuve pasiones verdaderas, salvo ellas dos y una tercera que estaba por venir.
Force sentimientos, viajé a tierras desconocidas por pasiones que creí correctas y que al final no eran ciertas. Pero hubo algo que no cambió: mi pasión por las letras y por la historia y mi forma de ser pasión: amar sin medida, ponerlo todo en el empaño, hacer que las demás personas fueran un poquitito más felices.
Olvidé que existía y que tenía corazón, alma y cuerpo. Comencé a reencantarme con mi boca, con las palabras mismas, con el cuerpo ese que tanto me acomplejaba. Comenzaba un proceso de querer enamorarme. Comenzaba a conseguir resultados, pero siempre faltaba algo: ese corazón que todo lo complementaba.
Si bien tuve varias oportunidades de querer y ser querido, había algo que faltaba: el amar de verdad, sin culpas. Parece que me hubiese traumado con lo último pero es cierto. Siempre faltó ese amor libre que tan buen sabor de alma deja.
Y si bien los origenes pueden ser discutidos mil veces por mil protagonistas, puedo decir públicamente que la decision tomada fue la mejor, mal para muchos. Porque, como siempre, la gente determinó mi actuar. Y fue la primera decision que tome por mi cuenta, oponiendome a muchos, enfrentandome a los mil vientos que turbaban las decisiones.
Conocí a mi compañera. No a la inventada, no a la surgida de las poesías, no a la que forzaba sentir. A la verdadera, la que aceptó esta alma loca tal como era. Con su vida y su pasado, con su presente y su poema, con su historia y su canción. Me tomó de la mano y me invitó a disfrutar un poquitito más del sabor de la vida, en una magia encantadora de la que me referiré, posiblemente, en muchos otros escritos.
Y, bueno, aquí tiene todos los elementos de juicio para que se responda usted mismo sobre la vida de este hombre que escribe sandeses, de estas letras que viven viajando, de esta persona a la que vino a visitar. ¿Que cómo quiero que me recuerde? Como quiera, como el bueno, como el malo, como el hablador, como el vendedor, empaque, cartero y cajero, como el hijo y hermano, como el soñador y mal cantante,como el enfermo de mil cosas o el maricón de voz de pito que le caía mal, o como el que trataba de saberlo todo y al final no sabía nada. como este escritor de mala muerte que jugaba a ser adulto hasta el día de hoy.
Tan sólo quiero concluir esta breve autobiografía por encargo contándole, como por secreto, que este soy, yo, el de rut 17 millones, nacido el 91 en medio de la transición, ese que ama la historia como a la buena conversación, al pipeño como al buen vino, a la tele como a una buena serie histórica, que le apasiona buscarlo todo para que aprenda, ese que ama con pasión, el enamorado de la Nela, a ese que le dicen tanto dini como mono, ese que disfruta de un bistec a lo pobre tanto como un pie de limón. Ese que no ha cambiado nunca, en realidad.
Quiero concluir con una frase que, creo, representa todo lo que soy y lo que pienso, y el motor de esta vida tan compleja de la cual me enamoré un tanto a la fuerza, la mayoría por encanto:
"Todos los cristianos están llamados a cambiar el mundo, pero de a uno a la vez".
A mi existencia, a mi historia, a quienen hicieron que fuera como soy y a quien me robó este corazón viajero, a mi Nela...
León, la vida nunca se ha clasificado como algo perfecto. Se plaga de enseñanzas que nos forman como personas, y es cierto que hay muchas cosas tristes que seria perfecto borrar, pero que son parte de nuestra propia historia. Muchas gracias por permitirme leer este pequeño compendio sobre tus días, por que a mi parecer eres una persona maravillosa. Y bueno, si no hubieras vivido así, estas palabras tan lindas jamás hubieran existido...
ResponderEliminarMuchos saludos, alma de poeta
y gracias por hacerme a mí parte de esa vida