jueves, 22 de abril de 2010

"Azucar"

Se que seria muy fome una venganza en la cual no me sintiera mal. Pero la verdad es que se hacía necesario reparar en algunas cuestiones que se hacen necesarias a la hora de considerar una venganza.
Y es que, si se me permite un cuestionamiento, ¿Que es estar mudo? ¿Que es hacer que otro sea ignorado? La verdad puede representar muchas cosas. Es mas, esto surge a raiz del cuento siguente en el que estas dos palabras se entremezclaron. Venganza y mudez.

Hubo una vez una oveja que pastaba muy feliz entre los campos de la vida. Y vagaba sin un calro rumbo fijo Se sentía algo extraña en aquel redil: era morenita, un poco más que las demás, no balaba en la misma frecuencia, se retiraba a pensar, sola, en cosas en las que nadie pensaba.
Un día, junto al arrollo, se cuestionaba acerca de quién era y por que caminaba en la tierra. Sintió que, al instante, algo le oprimía dentro del pecho. A la altura de su corazón -y entre su cabeza-, sintió que una masa hacía que pensara muchas cosas. Pensaba en el cómo vivían los demás, los humanos que la mandaban, quiso ponerse un nombre. Es más, disfrutaba de los pastos de otra manera distinta a las demás. Sentía que debía vagar por la vida.
No supo como, pero una noche escapó por una hendija de la granja. Y se puso a conversar con una nube. Y a la nube le preguntó "¿Quien eres?". Ella le contestó, simplemente, que estaba muy ocupada para contestarle. Entre que la perseguía, se encontró con una hormiga.
La hormiga le dijo que estaba muy ocupada trabajando. Tenía muchas ganas de preguntarle "¿Por qué hay que trabajar?". Pero no se dio el tiempo. Estaba muy apurada empujando comida a su hormiguero. Callada, vacía, sin mucha entretención.
Mientras seguía su viaje, le habló al agua. Y el agua no le contestaba nada. Querñia preguntarle por qué no podía ser otra cosa más que oveja y por qué tenía una masa adentro que le hacía pensar tanto. Pero el agua estaba tan dormida que no le contestó.
Estaba aburridísima en la búsqueda de encontrar quien era. En el camino habló con las hojas, con el viento, con el mismísimo corazón que llevaba dentro. Pero nadie le daba la respuesta. Las primeras, estaban ocupadas atajando al viento, el viento estaba muy ocupado tratando de empujar al mundo hacia el lado que él quería. Por otra parte, su corazón estaba muy ocupado tratando de encontrar las respuestas.
En la cima de una colina se detuvo a pensar junto a su alma en todas las cosas que le habían sucedido. Su alma le dijo que en el camino había aprendido a caminar, a ser una oveja. Había aprendido que no tenía que ser callada, demasiado laboriosa porque afectaba el animo y volvía ciego, encerrado en el redil porque volvía egoista, esclava del tiempo porque volvía terco, callado en demasía porque cerraba el alma, centrado en exceso en preguntas sin respuesta porque cerraba la vida.
Se dijo a sí misma "no es que no quiera dejar de preguntarme ni de caminar, pero creo que necesito un pequeño descanso". Durmió toda la noche.
A la mañana siguiente -se dijo-, voy a probar del mundo. Se topó con un terrón de azucar. Lo probó. Le quedó gustando aquel sabor oculto en la vida. No lo olvidaría en muchisimo tiempo.
Un día, jugando en los jardines de la vida, se encontró con otra oveja morena perdida. Ambos estaban buscando cosas que no encontraban en ninguna parte. Por ejemplo, un nombre. Ambos miraban al agua -que para variar no les contestaba-, al viento -que andaba muy enojado siempre en esos lados- y a las hormigas -que trabajaban casi sin descanso todo el año-.
Jugando, ambos, él le quitó su terrón de azucar. Ella, se enojó y, en venganza -y como nunca-, le dijo al viento que le ayudara con su enojo, a la hormiga con su pequeñez y laboriosidad inmensa y al agua con su mudez.
Cuando el ovejo -así lo llamaremos por efectos de este relato-, se dispuso a saborear el terrón, la hormiga hizo que se tropezara. El terrón no alcanzó a tocar el suelo, porque el viento fuertísimo, enojado, lo llevó al agua. El agua se lo tragó. No lo devolvió nunca mas.
El ovejo se fue a llorar a la orilla del lago. El viento, el agua y la hormiga se sintieron extrañados porque lloraba mucho. Nadie sabía por qué. A coro se acercaron a preguntarle. Seguia mudo.
La oveja, riendo mucho porque su venganza estaba hecha, fue interrumpida en su risa por los tres. A coro le dijeron que coriera al lago para que fuera a parar ese llanto desconsolado. Ahi lo encontraron.
No podía parar de llorar. Nadie lo controlaba. Por detrás se acercó la oveja y le preguntó el porqué del llanto.
"Siempre me senti raro en mi redil. Pensé mucho, camine mucho, por el mundo entero, en vueltas muy largas. Y lo unico que busque toda mi vida era un terroncito de azucar. Cuando lo encontre al fin me lo quitaste".
La oveja, muy acongojada, le pidio perdon. Ambos se sentaron a balar, a la orilla del lago, el que les regalo un terron gigante. Nunca mas dejaron de comer.
Desde ese dia, ambas ovejas siguieron pensando en las cosas que nadie pensaba, comiendo las cosas que nadie comia. Fueron muy felices mucho tiempo.
El ovejo le dijo a la oveja que si tenia nombre. "¿Te gusta el azucar?", le dijo, a lo que ella le contesto con una afirmacion. "Dulce", ponte de nombre, le dijo.

Desde ese dia nunca mas dejaron de comer terrones de azucar juntos.