Nunca supe por qué caminé tanto. A veces, caminaba con frío, con lluvia, con viento, con sol. Hasta hoy camino. A veces, porque no hay para el pasaje, para airearme o, simplemente, porque hay que ir de un lugar a otro y la distancia no amerita ir en un medio de transporte mayor.
¿Qué por qué insisto tanto? No, si lo que quiere saber es si hablo desde la pena o el resentimiento, no. Le aseguro que ya no es desde esa pena que carcome ni desde el resentimiento que tanto echa a perder las voluntades. Si caminé es por que no tenía, quizás, como usted, para ir en auto. Yo no tenía más que mis pies. Estos, que me han dado tantas alegrías. Estos, que me llevan gratis donde yo quiera. Estos, que me hacen feliz. No sé qué sería de mí si los perdiera.
Pero también las zapatillas amarillas que están en la caja guardadas no sólo representan un período de mi vida algo doloroso. Representan el símbolo del caminar. Si les da vuelta, tienen un hoyo en la suela producto dé que tuvieron que jubilar porque el dueño caminó la ciudad entera con ellas. Le aseguro que el plástico es horriblemente duro, y se rompió del puro uso.
Es un simbolismo de todo lo que caminé en esta vida. Caminé mil veces haciéndome las mismas preguntas, los mismos prejuicios, los mismos preconceptos. Caminé mil veces pidiendo donde fuera lo que necesitaba, hice mil proyectos, pedí mil ayudas tratando de solucionar la soledad interna que viví, sin pensar que la ayuda la estaba recibiendo ya. Hoy quiero hacer público que caminé mil cuadras sin saber que la ayuda la estaba recibiendo ya. Si caminé tanto fue porque tenía que aprender a valorar las zapatillas y los pies.
Y no sólo pedía el llenar los vacíos de soledad. Pedía mejorar la vida de cientos de personas que de verdad se merecían y merecen solucionarla. Pedía por mi familia y mi círculo más cercano. Pedía por todos menos por mi. En realidad alimentaba el alma de más soledad al postergarme.
No sabía que debía caminar 19 años para saber que la respuesta estaba dentro mío. La recompensa llegaría algo después, pero sería la recompensa más hermosa que alguna vez pude haber recibido.
Hoy, no quiero soltar esa recompensa. Esta noche, hablé con ella sobre lo que significaba para mi el caminar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario